Hace muchos años, una de mis hermanas hizo un curso de buceo y luego de certificarse se fue para Egipto a bucear allí. Yo también quería aprender a hacerlo, pero al vivir en Bogotá, que está situado en el centro del país y con el mar a muchos kilómetros de distancia, decidí que no era el momento para aprender y desistí de la idea.

Estando en Phuket, un amigo que es mitad Tailandés y con el que trabajé en la industria hotelera en Colombia vio que yo andaba por Tailandia y me comentó que su hermano era instructor de buceo y que trabajaba para una escuela justamente en la misma zona en donde yo estaba viviendo. Me puse en contacto con él y me referenció con los dueños de la escuela, una pareja de suizos que llevan viviendo 3 años en la isla.

Nuevamente me entró la idea en la cabeza y decidí tomar el curso, y aunque el precio es más alto que en casa, iba a tener el mar a tan solo 15 minutos de distancia, así que al final el precio sería el mismo ya que no tenía que incurrir en gastos de traslado.

Lo primero que debía hacer era estudiar un material que me envió la escuela, luego de registrarme. Tendría que presentar un examen que demostrara que entendía perfectamente que el buceo no es solo saltar al agua a ver pececitos. De hecho a medida que empecé a leer, comencé a sentir un poco de ansiedad y temor ya que nunca pensé que existieran tantos riesgos al hacer una inmersión.

Una semana después y con todo el material leído, estaba lista para la para la primera práctica. Pero antes el examen. Saqué 90 sobre 100, eso demostraba que estaba preparada teóricamente para bucear 🙂 La inmersión inicial sería en una piscina para aprender a utilizar todo el equipo. Pero antes debía reconocer en vivo y en directo sus componentes y aprender a armar el mismo.

El equipo se divide en dos:

* El equipo básico que son la máscara, el snorkel, las botas, las aletas y el traje de buceo.

* El equipo autónomo que sería la botella de aire que va colgada del chaleco hidróstatico que sirve también como sistema de flotabilidad porque tiene la opción de ser inflado y desinflado dependiendo de lo que necesitemos hacer; es decir descender de la superficie al fondo o flotar, el regulador que es el aparato que se pone en la boca para poder respirar y que también se conecta al chaleco y al manómetro que muestra que tanto aire nos queda. También hay que ponerse  el cinturón de lastre que contiene piezas de plomo que hacen la inmersión más fácil por el peso y finalmente el computador, que es una especie de reloj que muestra el tiempo de inmersión y la profundidad entre otros datos y que permite controlar las decisiones a tomar bajo el agua.

Una vez supe cómo armar todo ya estaba lista para lanzarme a la piscina. Me toco antes nadar 10 veces de lado a lado. La primera vuelta la hice lo más rápido que pude pensando que iba a ser muy fácil. La piscina no era tan grande, pero ya para la segunda vuelta estaba muriéndome y empecé a nadar de todas las formas posibles porque no podía parar. Mi profesor solo quería ver mi resistencia. Uy fue terrible jaja. Luego tendría que flotar por 10 minutos. Prueba superada! Lista para comer algo y luego saltar al agua.

La primera vez no estaba consciente de algo llamado ecualizar. Creo que fue lo que más se me dificultó en ese momento. Consiste en compensar la presión cuando se desciende y los oídos son los más afectados. El dolor puede ser terrible si no se hace desde el primer segundo en que se mete la cabeza debajo del agua. A mi nunca me duelen los oídos al volar, pero la sensación al parecer es la misma 🙁  El método más utilizado es taparse la nariz y soplar.

Luego aprendería más habilidades como quitarme el respirador y la máscara bajo el agua y mantener mi cuerpo nivelado bajo el agua sin irme para arriba o para abajo sin querer jajaja. Todo depende de la respiración y del aire que esté en el chaleco. Lo bueno es que con la práctica se va aprendiendo.  Solo que al principio no es fácil. De hecho creo que es otro de los retos en general para los principiantes.

Al siguiente día ya iba a estar experimentando todo en mar abierto. Que emoción! Con un poco de miedito también, aunque personalmente me gusta probar cosas nuevas y no le pongo trabas a casi nada. Luego veré si me gusta y lo repito o si definitivamente no nací para eso.

A las 7am ya estaba lista para que el transporte me recogiera y me llevara al muelle en donde íbamos a tomar el bote. Como el curso lo hice sola y no había más estudiantes conmigo, pensé que en el bote iba a estar casi vacío, pero me equivocaba. Había al menos 60 personas más de todos los niveles, unos mucho  más experimentados que otros, listos para ver el mundo submarino que ofrece Tailandia.

Máxima profundidad de ese día. 12 metros

Dos horas más tarde estábamos llegando al punto en donde sería la primera inmersión. Equipo puesto, verificación del aire, que todo estuviera donde debía estar y al agua. Esa primera vez sería más de volver a repasar las habilidades del primer día. Mi mayor temor, el dolor de oídos. Lo bueno es que esta vez fue menos doloroso y me sentí muy tranquila.

El mundo allí abajo es grandioso. Lo único que se escucha es la respiración y las burbujitas que salen de la boca. Y de repente empiezan a aparecer peces grandes, medianos, pequeños y de diferentes colores y formas. También corales, que lamentablemente deberían tener mucho más color. Tristemente hay mucho turismo inconsciente que destruye lo que ve a su paso y no comprende que el 70% del mundo está constituido por agua y por todo lo que está dentro de ella y que la tierra depende de lo que pase allí.

Ese día fueron en total 3 inmersiones. Una mejor que la otra. No solo por el paisaje sino porque mi técnica iba mejorando. Ya todo era más natural.

Fin del día con un grandioso atardecer. De fondo por supuesto el Big Buddha de Phuket.

Cuatro días después estaba lista para tres inmersiones más. La primera de ese día me certificaría con SSI (Scuba Schools International) como buzo en aguas abiertas. Las otras dos eran para disfrutar el paraíso en el que estaba sumergida.

Máxima profundidad ese día. 18 metros.

Esa quinta inmersión estaba llena de corales y de más diversidad de peces. El flauta que es largo y delgadito, el pez león que tiene una melena a rayas blancas y negras o rojas. Mi favorito. De los peces más bonitos que pude admirar en las aguas Tailandesas. También vi nemos, peces angel, globo, barracudas, estrellas de mar, gusanos, erizos y hasta una culebra. En realidad que habían tantos que no sabría decir a ciencia cierta cuántas clases vi.

La última inmersión cerraría de forma diferente. Ingresaríamos a un bote hundido a 18 metros de profundidad. No era un bote de gran tamaño, pero para la primera vez fue muy emocionante.

Y estando en Tailandia, no podía faltar el medio de transporte más utilizado por todos 🙂 La moto!

Lo mejor de esa experiencia es que por primera vez no sentí dolor alguno en mis oídos. Al parecer había logrado aprender a ecualizar y eso me hacía feliz.

Ya estaba lista para hacer inmersiones sin instructor. Me estaría esperando una nueva aventura días después en Phi Phi Island. Lo que no sabía es que iba a hacer una inmersión más profunda a 26 metros para visitar un barco mucho más grande, así que las condiciones del buceo iban a ser diferentes. Un nivel más avanzado en el que estaba en ese momento.

Para quien esté interesado en aprender a Bucear, Tailandia es un muy buen lugar para hacerlo. Hay lugares de buceo en cada esquina. Yo aprendí en Phuket, pero sé que si se aprende en Koh Tao puede ser más económico. Phi Phi Island es otra buena opción. Pero al final lo único que puedo decir es que es una actividad muy recomendable sí se practica de forma responsable.

Para mí solo es el inicio. Ya estoy buscando nuevos lugares para mis próximas inmersiones. Bienvenidos los que se me quieran unir 🙂

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