Con el paso del tiempo, el viajar se ha convertido en una actividad cada vez más popular. Poder compartirle al mundo las experiencias vividas en cada lugar que visitamos es lo más importante hoy en día y si esto implica contacto con animales aún mucho mejor.  Pero a veces el momento o la falta de conocimiento hacen que olvidemos todo lo que puede haber detrás de estas experiencias y esto se resume en maltrato animal. Algo cruel y sin sentido desde mi punto de vista.

Una de las razones por las que decidí visitar Chiang Mai, la segunda población más grande de Tailandia y que está ubicada al norte del país, fue porque quería ir a un santuario de elefantes y tener la bendición de pasar un día al lado de estos gigantes.

El animal que representa a Tailandia es el elefante. Lo malo es que han tomado a este animal, lo han desplazado de su hábitat y lo han convertido en herramienta de trabajo. Inicialmente para transportar cargas pesadas, y hoy en día para el turismo. Y cómo lo han hecho? De la peor manera. Utilizando métodos salvajes para su adiestramiento.

En la web se puede encontrar bastante información al respecto. Hay un método utilizado que se llama Phajaan y ha sido por años la forma en que textualmente toman al animal siendo un bebé y acaban con su alma. Lo encadenan, lo aíslan, y lo castigan golpeándolo e insertando elementos puntiagudos en su cabeza y orejas, lo que origina que sangre y luego se someta al humano por miedo. Y para qué? Para ponerlo a la merced de sus amos y que este permita ser montado, pintado y realice actividades sin sentido como jugar fútbol, pintar con la boca y ser ridiculizado como si fuera un juguete.

Para ponerlo en números, a inicios del siglo pasado había entre elefantes salvajes y en cautiverio alrededor de 400.000. Hoy en día no pasan de los 30.000

Para entender un poco más de lo que hablo, comparto este video de Chao, un youtuber Chino que habla del por qué no montar un elefante. No recomiendo verlo si se es sensible ya que es muy específico.

Pero esta no es mi experiencia. Mi experiencia es otra. Es una llena de amor y respeto por estos seres increíbles.

Antes de ir procuré buscar la mejor opción. Lo que más utilizo es la búsqueda de experiencias de otros viajeros y por eso leo otros blogs. De este modo encontré un santuario llamado Elephant Nature Park. Ellos abrieron sus puertas en 1990 y su objetivo es proveer un hogar a elefantes que han sido rescatados del maltrato humano.

Tienen bastantes opciones para quien quiera ayudar con la causa y además quieran tener una experiencia cercana con los animales. Lo bueno es que también se puede compartir tiempo con perros, gatos y búfalos que también hacen parte de esta comunidad. Es una oportunidad para alimentar a los amínales, darles un baño, verlos interactuar con otros de su especie, caminar junto a ellos y si se quiere incluso se pueden tomar opciones de pasar la noche allí o hacer voluntariado. Lamentablemente la última opción tiene mucha demanda y el valor es un poco alto, por lo cual decidí tener la experiencia de un solo día. Todo el dinero que se recoge se destina a la manutención de los animales y a la compra de más de ellos para poder protegerlos.

Tienen muchos proyectos funcionando y estos van desde el afianzamiento del animal con el humano, hasta trabajo con comunidades nativas no solo de Tailandia sino de Myanmar y Cambodia.

Al revisar todas las opciones, yo me incliné por un proyecto específico que tienen en el momento. No es como tal directamente en el parque principal. De acuerdo a información suministrada por el guía, son once los proyectos con los que el parque trabaja hoy en día y los dueños son personas independientes que a través del dinero recolectado cuidan de los animales en sus propiedades. El plan se llama SADDLE ON y tiene una valor de 2.500baht o alrededor de 80USD.

Alrededor de las 7.30am me estaban recogiendo en el hotel. Eramos un grupo de 10 personas. En el camino nos mostraron un video en el cual tristemente un bebé elefante era utilizado para pedir dinero en las calles de Chiang Mai. Se veía aterrorizado por el ruido de los carros y las personas queriendo tomarse fotos con él.  Afortunadamente hoy en día existen estos lugares para protegerlos, aunque no es tan simple como arrebatárselos a quienes los usan con estos fines. Todo tiene un proceso y esta fundación lucha por acabar este tipo de prácticas.

Unos 60kilómetros después llegamos al campamento.

Lo primero que hicimos fue lavar la fruta que les íbamos a dar, así como la caña de azúcar. Una vez listos fuimos hasta la zona de alimentación. Estaban allí esperándonos 4 elefantes adultos y dos bebés de alrededor 6 y 1 mes respectivamente. Al principio todos estábamos un poco tímidos, pero a medida que los íbamos alimentando todo iba fluyendo. Ellos muy delicadamente van tomando uno a uno los bananos con su larga trompa y cuando tienen unos dos o tres van para la boca.

Luego de esto los llevamos una corta caminata y a que se ensuciaran un poco con el lodo. Son absolutamente tiernos y protectores con sus crías. Pueden llegar a medir 2 metros y a pesar 5 toneladas, eso los hace más pequeños que los africanos y se diferencian también por el tamaño más reducido de sus orejas.

Cuando volvimos nos esperaba un rico almuerzo vegetariano. Alrededor de una hora después estábamos listos para llevarlos al rio para que se bañaran. Nos reunimos nuevamente para caminar junto a ellos. Eso sí, como el clima no había sido el mejor por esos días, tuvimos que pasar por algunos lugares algo resbalosos, pero que hicieron aún mejor la aventura.

Ya en el río pudimos limpiarlos un poco, aunque la lluvia hizo que nos tuviéramos que resguardar. En ese momento vino la mejor parte. Simplemente ver como disfrutaban de ese baño. Ver lo bonitos que son y al mismo tiempo lo susceptibles que pueden llegar a ser a pesar de su tamaño y fuerza.

Al final, antes de partir, tuvimos la oportunidad de compartir un rato más con ellos. Consentirlos, alimentarlos y abrazarlos. No quería irme.

Amé esta experiencia y quisiera volverla a repetir. Vale cada centavo y lo mejor es que este dinero va para su bienestar.

Como viajera del mundo solo quiero invitarlos a practicar un turismo responsable. A pensar en los animales como parte de nuestro entorno y no como parte de un show. Vivamos el mundo como está destinado a ser y cuidemos de él. Eso no lo hace menos divertido!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *